
Texto del artículo publicado en El País:
David Obadia Chocrón
Presidente de la Federación de Comunidades Judías de España
*Cuando la palabra institucional deja de tender puentes*
Las palabras de Luis García Montero —«En 2026 ya resulta difícil no identificar al pueblo elegido con la destrucción de aldeas, las expulsiones y los asesinatos»— merecen una reflexión que va más allá de la legítima crítica a las acciones del Gobierno de Israel. Porque no es lo mismo hacer una crítica a las políticas de un gobierno que pronunciar una afirmación que criminaliza a todo un pueblo entero.
Precisamente por este motivo, entraría en la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), de la que España forma parte., junto con 35 países de consolidada tradición democrática
Pero es que además, García Montero dirige el Instituto Cervantes, un organismo del Estado cuya misión es difundir la lengua española y promover la diversidad de las culturas hispánicas. Entre ese patrimonio se encuentra la cultura judeoespañola y el legado sefardí, que presenta una singular característica: pese a la expulsión en 1492 y a siglos de exilio, muchas comunidades conservan el español como lengua que les vincula con su amada Sefarad.
Por eso es especialmente desafortunado que quien representa una institución cuyo objeto es preservar ese legado recurra a una expresión que identifica al colectivo judío con la violencia, la destrucción y el crimen.
El más que nadie tiene que mostrar precisión en el lenguaje porque las palabras importan y porque la defensa de la cultura empieza también por el cuidado con el que se nombra a los pueblos.


